Esta vez vamos a compartir con vosotros una fábula que hace especial hincapié a la influencia que ejercen los pensamientos sobre nosotros.

“Nuestra vida es la manifestación física de los pensamientos que recorren nuestra mente, así pienso, así voy creando mi vida… los pensamientos son poderosos y potentes imanes…la persona se convierte en aquello que piensa, tal es la fuerza de los pensamientos”

Fábula sobre el rey que creía ser mendigo

Había un monarca que vivía en un esplendoroso y próspero reino en el norte de la India. El monarca era un señor muy rico y poderoso. Día tras día inculcaba a su hijo la importancia de ser noble y generoso, y momentos de fallecer le dijo:

Hijo, cualquiera puede, tener mucho, bien sea por destino o por azar, pero has de tener claro que lo importante no es ser propietario de ese todo, sino saber dar y compartir. No hay peor cualidad en la persona que la avaricia. Se siempre generoso con el resto. Dispones de mucho, así que ofrece mucho a los demás.

Durante muchos años, fallecido su padre, su hijo, el nuevo monarca, siguió los pasos de su padre y se mostró generoso y esplendido. Pero a partir de cierto día, el monarca se fue convirtiendo en una persona avara, pero avara en extremo, tanto que  no solo empezó a no compartir nada con el resto, sino que incluso se auto negaba las necesidades básicas a sí mismo.

Teniéndolo todo se comportaba como un pordiosero. Todos en el reino estaban muy preocupados, y un día su asistente personal, que también lo había sido de su padre, mandó llamar a un rishi (sabio) que moraba en una cueva en las altas montañas del Himalaya.

Es increíble – comentó desolado el asistente al rishi -. Es uno de los reyes más poderosos y vive como un auténtico pordiosero. Necesitamos de tu ayuda, necesitamos que descubras la razón de por qué se comporta como tal.

Así el rishi comentó al asistente que estaba dispuesto a ayudarle pero que para eso necesitaba juntarse con el rey. Dicho y hecho, el asistente le pidió al rey que por favor recibiera al sabio y este aceptó con la condición de que no le pidiese nada a cambio, que tenía que ser consciente de que no tenía nada, que era sumamente pobre.

A la mañana siguiente el monarca recibió al rishi en palacio y se encerraron en una de las lujosas salas. El rey vestía con harapos, estaba sucio y hediondo; incluso iba descalzo

Estoy totalmente arruinado– comenzó el rey. –

Señor, no comprendo por qué dice eso. Usted es rico y poderoso – replico el rishi. –

No me vengas con tonterías – contestó el monarca – No me pidas nada porque nada podrás sacarme. Desde ahora te digo que nada tengo.  Es más, cuando esos harapos se terminen de romper, no tendré nada con qué cubrir mi cuerpo.

Así el rey rompió a llorar sin poder sostener sus lágrimas. En ese mismo momento, el rishi entorno los ojos, concentró su mente y, como si fuese un punto de luz, se coló en el cerebro del monarca. Allí observó el pensamiento que noche tras noche se colaba en los sueños del rey:  El rey soñaba que era un mendigo, el más pobre de los mendigos. El sueño parecía tan real, que el rey se lo terminó por creer y aunque era un rey rico y poderoso, se comportaba como un pordiosero.

Conociendo cuál era la razón de su comportamiento, el sabio logro que unos días el rey consiguiera dominar sus pensamientos y cambiara así la actitud que reinaba en su mente. El monarca volvió a ser esplendido con los demás, pero no consiguió que el rishi aceptara ningún obsequio. Es más, el sabio le hizo un regalo impagable, le obsequió con la siguiente reflexión.

“Tal es el poder del pensamiento. Así como piensas, así eres. Conquista el pensamiento y te habrás conquistado a ti mismo”

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