Como hallar la calma en medio del caos

Existe una población de personas entre las cuales la ira es una emoción aceptada y, de hecho, esperada. Las emociones de miedo y tristeza, sin embargo, no lo son. En esta cultura, la violencia y las adicciones son asuntos mayores. Tal vez no desees unirte a este grupo, sin embargo, estas personas se están uniendo a ti, día a día…

En este preciso momento, 1 de cada 100 adultos en Estados Unidos, se encuentran en prisión. 1 de cada 31 se encuentra en algún tipo de situación correccional. De aquellos que han sido liberados, el 60% regresa a prisión en un periodo de 3 años. Las estadísticas muestran un panorama bastante gráfico sobre el cómo se piensa sobre los reos en USA. El actual sistema de correccionales no apunta hacia la rehabilitación sino hacia el castigo. Para cambiar ésta mentalidad, es preciso darles a los reos las herramientas para desarrollar autocompasión y empatía por otros, de modo que no permanezcan atascados en el mismo patrón conductual que los llevó a prisión en primer lugar.

James Fox cree que, “si alguien realmente hace el esfuerzo de enmendar su comportamiento y rehabilitarse, entonces merecen esa oportunidad.” Fox comenzó a dar lecciones de yoga a los prisioneros de la Prisión Estatal de San Quintín en el 2002. Su iniciativa se basa en la idea de que la mayoría de los prisioneros presenta disociaciones con su cuerpo debido a sus historias y gracias a sus condiciones de vida en prisión. A menudo experimentan altos niveles de ansiedad, miedo, depresión y desesperación. Los dos problemas primordiales que Fox ha visto con estos individuos son la violencia y la adicción.

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En respuesta a éstas observaciones, él creó El Proyecto de Yoga en la Prisión, el cual se conformó a partir del trauma que muchos de los prisioneros han experimentado durante sus vidas. Su meta es ayudar a los prisioneros a “cambiar los patrones conductuales inducidos de manera inconsciente a partir de una situación traumática, y desarrollar habilidades para el control de sus impulsos.” Al traer el yoga, pranayama y las prácticas para la claridad mental, como herramientas funcionales, él ayuda a los reclusos a cambiar su atención, la cual está a menudo, enfocada en una forma híper vigilante sobre el mundo a su alrededor. Él les enseña a desarrollar habilidades que a menudo ya se encuentran latentes, sobre el auto control y la auto disciplina.

Cualquier practicante de yoga puede reconocer el reto de permanecer en una postura complicada, de respirar a pesar de la tentación de abandonar esa postura por su nivel de desafío, etc. Para los prisioneros, el desarrollar la capacidad de acceder a su respiración en orden de calmar la mente y calmar el cuerpo puede cambiar sus vidas. El aprender que existe una alternativa a actuar impulsivamente puede cambiar el resultado de cualquier situación.

En respuesta a las solicitudes de ayuda por parte de los prisioneros, para continuar sus prácticas fuera de prisión, Fox ha escrito un manual para ayudar y guiarlos en sus prácticas en el “exterior”. Él también viaja a través de todo el país llevando entrenamientos para aquellos que desean llevar las clases de yoga a las prisiones. Enseña a los participantes el modo en que pueden convencer a las instituciones a incorporar el yoga en sus prisioneros, y también cómo es que todo funciona cuando se les enseña a los prisioneros esta disciplina. Sus métodos son evidencia basada, y ha encontrado un método que realmente se dirige hacia las necesidades de este grupo socio-cultural único.

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Al crear una cultura de rehabilitación, y al ofrecer la oportunidad de desarrollar capacidades que se necesitan tan desesperadamente, el Proyecto de Yoga en la Prisión, ha llevado esperanza y la posibilidad de un futuro más brillante, no sólo a los reclusos, sino a toda la sociedad.

Por: Gastón

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