Condena o bendición, lo cierto es que nuestro libre albedrío a la hora de elegir nuestras relaciones personales, sobre todo las sentimentales, es un poco limitado.

Venimos con un encuentro pactado, lo que se traduce en que la vida, de una manera u otra te va a poner en el camino a las personas con quienes acordaste encontrarte, de la forma en que acordaste encontrarte, y difícilmente la relación no va a darse.

En algunos casos directamente encarnamos como miembros de la misma familia, asegurándonos así que la relación ocurra, aunque en otros podemos nacer en polos opuestos del planeta con la certeza de que acabaremos encontrándonos, como así ocurre, porque el encuentro entre dos almas que pactaron encontrarse es inevitable.

Eso sí, lo que hagamos con ese encuentro sí queda en manos de nuestro libre albedrío, aunque fuerzas internas, memorias del alma, propósito de vida, sensaciones de familiaridad e inevitabilidad, nos llevarán a relaciones profundas, gestionemos como gestionemos.

Pero sea cual sea el tipo de relación que nos une con otra persona, familiar, laboral, amistosa, sentimental… se engloba en uno de los tres tipos de relación álmica que existen.

Relación Dhármica, Kármica o es tu Alma Gemela

Reconocerlo nos permite evolucionar, nos permite extraer de la relación todo el aprendizaje que tiene para las partes, pero fundamentalmente nos permite, aquí y ahora, vivir en paz y en amor.

Relaciones kármicas:

A lo largo de nuestras muchísimas existencias, en nuestra interacción con otras personas hemos generado karmas. Generar karma significa que ocurrió un desequilibrio, que alguien dañó y que el otro fue dañado.

Si consideramos los largos años de luchas, oscuridad, devastación que han existido a lo largo de la historia, no resulta difícil comprender que en algunas vidas nos hicieron mucho daño, y en otras lo hicimos nosotros.

La ley del karma busca reestablecer ese equilibrio, y por ello, encarnación tras encarnación, pactamos con otras personas un reencuentro para solventar nuestros errores pasados.

Son relaciones complicadas, que pueden darse en cualquier ámbito de nuestra vida, porque se disparan muchas memorias de dolor y viejos patrones, que, como permanecen en el inconsciente, no reconocemos como tales y es muy habitual repetir patrones y salir de esta encarnación sin haberlos resuelto.

En estas relaciones se genera tanto sufrimiento como dependencia, conflictos repetitivos que cuesta mucho solventar.

Resulta más fácil comprender porque resulta tan difícil escapar de una relación que hoy denominamos “tóxica”, porque nuestro alma nos reclama resolver un conflicto de no se sabe cuántas vidas.

Lo suyo es reconocer que nuestra relación es kármica y descubrir qué es lo que venimos a sanar, hacerlo y continuar nuestro camino.

A veces no lo conseguimos, porque se requiere esfuerzo por ambas partes, aunque cuando uno comprende el mecanismo, sin lugar a dudas baja el nivel de karma que traían. De cualquier modo, son relaciones temporales de las que hay que salir cuanto antes.

Relaciones dharmáticas:

Mucho mejor, donde va a parar…  También estas pueden darse en cualquier tipo de relación que tengamos, son relaciones basadas en el compañerismo, en el trabajo conjunto, pactadas para la evolución de las almas.

Una relación sentimental dharmática es una relación tranquila, basada en el afecto y en el bien común, no traen karmas conjuntos que resolver, vienen a ayudarse.

Algunas están pactadas para toda la vida, otras sólo para un tramo de ella y a veces, dado lo pacífico de la relación, resulta complicado abandonarla cuando ha llegado el momento de hacerlo.

No hacerlo implica que no vamos a estar disponibles para pactos posteriores, para otros aprendizajes que nos están esperando.

Soltar una pareja dharmática cuando ha llegado el momento es un gran acto de amor, y como compañeros del alma que han venido a eso, cuando se hace desde el amor, la pareja es capaz de encontrar nuevas formas de relacionarse desde el compañerismo que les une, eso sí cada cual con su propio camino.

Almas gemelas, llamas gemelas, complementos divinos:

Tanto relaciones karmáticas, como dharmáticas, son confundidas a menudo con el alma/llama gemela.

Para empezar, tenemos muchas relaciones kármicas y dhármicas, pero una única llama gemela por toda la eternidad, nuestro complemento, la otra polaridad de una misma esencia.

Podemos confundir una relación dharmática porque las llamas gemelas, sin duda, vienen a apoyarse, sólo que en ocasiones de manera menos dulce, ya que son auténticos catalizadores de todo lo que nos queda por sanar. Por ello la complicidad, el afecto, la amistad que surge en ambos tipos de relación puede llevar a la confusión.

Una diferencia fundamental es que cuando las llamas han pactado encontrarse en una encarnación no es para un tiempo, es para no separarse más.

Es una conexión tan sumamente potente e inevitable, tan diferente a todo lo vivido (tiene que ser así porque no tenemos nada más que una) que resulta muy complicado entender qué nos está pasando, tan intensa que hasta que se coloca en su sitio se dan ciclos de corredor/cazador.

Y en ese aprendizaje de relacionarnos de forma tan diferente, surgen episodios de dolor de ahí que personas que vivan relaciones karmáticas crean que están en una relación de llamas gemelas.

Nada más lejos de la realidad, las llamas gemelas no han venido a resolver asuntos pendientes, han venido a conocer el auténtico amor incondicional, a vivirlo en pareja y a anclarlo y esparcirlo por donde quiera que pasen.

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